Su origen
Como ya sabemos, la absenta es una bebida de alta graduación que se obtiene a partir del ajenjo (artemisa absinthium y artemisa pontica) acompañada de hinojo y anís verde y aunque el licor como tal comenzó a elaborarse en el siglo XVIII en un convento suizo por el doctor Pierre Ordinaire donde las monjas lo comercializaban como elixir curativo, la utilización del ajenjo como planta medicinal está documentada desde tiempos del antiguo Egipto pues aparece mencionado, junto a más de 700 sustancias, en el famoso Papiro de Ebers (1.500 a.C.) uno de los tratados de medicina más antiguos que existen. El doctor Ordinaire vendió su fórmula a un tal mayor Dubied quien junto a su hijo y su yerno abrieron en Francia la primera destilería comercial de absenta. Durante la primera mitad del siglo XIX la bebida se hizo cada vez más popular entre la aristocracia y las clases altas francesas, sin embargo, la gran fiebre se vive a partir de los años 50 del dieciocho cuando la bebida es adoptada por las clases populares y, sobre todo, por los intelectuales bohemios. Se calcula que a finales del XIX en Francia se producían más de dos millones de litros de absenta por año. A principio del siglo XX, en 1908 en Suiza y en 1915 en gran parte de los países europeos con la excepción de Inglaterra y España, la absenta fue prohibida pues se le atribuían efectos altamente negativos para el organismo. Estos efectos, en parte exagerados y en parte ciertos, alimentaron la leyenda entorno a esta bebida. En cualquier caso la producción masiva de absenta se hacía sin demasiado control, con alcoholes de muy baja calidad y el resultado era un excesivo contenido de tuyonas altamente perjudiciales. Actualmente la mayoría de esos países han levantado las prohibiciones y la absenta vuelve a ser legal aunque bajo un estricto control en el nivel de tuyonas más que en la graduación.

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